Para entender las reacciones de temor de nuestros animales en forma general, resultaría útil plantearnos la siguiente pregunta: ¿Qué sentiríamos nosotros si ante una situación que nos agobia y nos produce gran temor no pudiésemos hablar con otras personas o si nadie nos pudiese explicar que algún estímulo que nos produce temor en realidad no nos dañará? Lo que seguramente ocurriría sería que actuaríamos de una manera muy similar a como actúan nuestros perros, a menos que por un proceso de habituación nosotros experimentáramos frecuentemente estos estímulos y nos diéramos cuenta de que en realidad no nos dañarán.