Miedo a las olas.
La mayoría de los perros nadan espontáneamente, adoran zambullirse entre las olas y disfrutan introduciéndose mar adentro para recoger la pelota que se les arroja. Otros perros no, muy pocos, sólo tienen valor para chapotear en la orilla.
Este miedo es frecuente debido a un trauma ocasionado por el propietario, que con buena voluntad, trató de que el animal se arrojase al agua. El perro recuerda esa experiencia con pavor. Para poderle ayudar es necesario que juegue con otro perro que ya sepa nadar y que no tenga miedo al agua, lo mejor es que sean amigos de juegos.




